Basa tu dieta en productos locales y de temporada…¡notarás la diferencia!

Hoy en día consumimos productos procedentes de todas partes del mundo y en cualquier época del año: comemos piña y aguacates en invierno, uvas en primavera, fresas y frutos rojos en Navidad. En invierno seguimos comiendo ensaladas frescas porque nos venden que es muy sana y cocinamos con aceite de coco porque está de moda…pero ¿realmente es eso sano?

Para responder solo hace falta escuchar el cuerpo y mirar a nuestro alrededor, prestar atención a los colores de la naturaleza, al tamaño y forma de las plantas… Nuestro cuerpo, que es el resultado de la evolución de miles de años, es parte de ese entorno y se ha adaptado a él, por lo que ese entorno y no otro le proporciona todo lo que necesita para cubrir sus necesidades a nivel físico y energético. La “globalización” es un fenómeno muy nuevo al que nuestro cuerpo no se ha podido aún adaptar.

En este sentido, si comemos productos locales y de temporada nos aseguramos de que le estamos dando gasolina de la mejor calidad a nuestro cuerpo y eso se nota a nivel físico, energético y emocional. Ello no quiere decir que no debamos darnos una licencia de vez de cuando comiendo alimentos más exóticos (de hecho, yo lo hago porque defiendo precisamente la importancia de la flexibilidad y de “saltarse las reglas” de vez en cuando), sino que deberíamos basar nuestra dieta en los alimentos que provienen de la tierra donde vivimos.

Los alimentos locales y de temporada conservan y mantienen intactas sus propiedades nutricionales, no así los alimentos que han estado envasados o guardados en cámaras frigoríficas durante meses. Además han crecido de forma natural, han absorbido la energía de la tierra y del cielo hasta madurar en la planta en el momento preciso. En cambio, la fruta y verdura importada se recoge antes de tiempo y se hace madurar de forma artificial para que no se estropee. La fruta y verdura llega quizá físicamente bien pero energéticamente débil y de esta manera no “alimenta” igual.

Evidentemente, si además de comer local y de temporada, puedes consumir productos ecológicos, pues tanto mejor, pero no hace falta obsesionarse: muchas veces consumiendo productos de los agricultores de la zona ya comemos productos libres de pesticidas aunque no lleven certificación de producto ecológico..

Comer local y de temporada no solo es una cuestión de salud, es también una cuestión de valores y de principios, una actitud ante la vida. Al comer productos locales y de temporada valoro más lo que tengo cerca, aquello con lo que he crecido y que me ha hecho ser lo que soy, valoro más lo que me daba mi madre de pequeña (aunque igual en aquel momento no me gustara, como las lentejas) y valoro más el trabajo de las personas que se dedican al duro trabajo de la agricultura. Además, celebro cada cambio de estación, con los nuevos alimentos que me trae, y lo vivo como una nueva etapa, de cambio físico, mental y espiritual.

Y por supuesto, yo como local y de temporada porque es la única manera sostenible de alimentarnos y de cuidar el planeta donde vivimos. Comer diariamente alimentos procedentes de otras partes del mundo tiene un impacto mediambiental y económico altísimo, del que muchas veces ni siquiera somos conscientes.

Así que, por eso, ayer quise hacer un tributo al verano y a la dieta meditarránea con un plato que admiro por su compleja sencillez: la escalibada, un plato a base de berenjenas, pimientos, cebolla y algún que otro tomate, todo regado sutilmente con el oro líquido del Mediterráneo, el aceite de oliva virgen extra, y cocinado en el horno a fuego lento. Desde mi infancia me acompaña cada verano. Un plato lleno de color, sabor, aromas y texturas que son una caricia para cuerpo y alma.

 

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