¿Sabías que todos tenemos un reloj interno?

Hace tan solo unos días los científicos estadounidenses Jeffrey C. Hall, Michael Rosbash y Michael W. Young recibieron el premio Nobel de Medicina de 2017 “por sus descubrimientos de los mecanismos moleculares que controlan el ritmo circadiano”. Estos brillantes científicos han demostrado científicamente que los seres vivos (es decir, los humanos, los animales y las plantas) tenemos en nuestras células un reloj interno, sincronizado con las vueltas de 24 horas que da el planeta. El sueño y muchos otros fenómenos biológicos, como son el comportamiento alimentario, la liberación de hormonas, los ciclos menstruales, la temperatura corporal o la presión sanguínea, dependen de este reloj interno pues ocurren rítmicamente alrededor de la misma hora. Es lo que se denominan “ciclos circadianos”.

Cuando vivimos de espalda a ese reloj interno que tienen nuestras células (por ejemplo trabajando de noche o viajando a menudo, con el consiguiente síndrome del “jet lag”), sometemos a nuestro cuerpo a “estrés”. Nuestro cuerpo se ve obligado a activar continuamente mecanismos de ajuste y adaptación que producen un enorme desgaste. A la larga, ese continuo “estrés” y desgaste hace aumentar el riesgo de sufrir enfermedades, incluyendo el cáncer y trastornos neurodegenerativos.

Pues bien, esto que parece que la ciencia ha demostrado ahora es lo que las medicinas orientales, en particular la medicina china y ayurvédica ya habían observado hace miles de años.

Mediante la observación de los ciclos de la naturaleza, basados en la interacción de los 5 elementos (madera, fuego, tierra, aire y agua) y la dualidad yin/yang, los antiguos sabios taoístas fueron capaces de formular las leyes que explican todo fenómeno material y espiritual, incluyendo el funcionamiento del cuerpo humano. Desde este punto de vista, el hombre no es más que es un reflejo del Universo.

Según la Medicina Tradicional China (MTC) el funcionamiento de cada órgano determina ese reloj interno que todos tenemos. Ese reloj no solo influye en la regulación el sueño, los ciclos menstruales y demás fenómenos fisiológicos, sino también en la capacidad del propio organismo de desintoxicarse, de nutrir y reparar sus órganos y de equilibrar las emociones porque para ello el cuerpo tiene sus horarios específicos. Vamos a ver cuales son esos horarios:

  • De 1 a 3 horas: es hora del descanso mental y corporal en la el hígado limpia la sangre y equilibra las emociones.
  • De 3 a 5 horas: es la hora del sueño profundo en la que los pulmones oxigenan todas las células.
  • De 5 a 7 horas: es la mejor hora para levantarse. Actúa el intestino grueso, por eso es la hora en la que más fácilmente vamos al baño.
  • De 7 a 9 horas: es la mejor hora para desayunar, ya que es cuando se activa el estómago.
  • De 9 a 11 horas: después de haber desayunado y absorbido la energía de los alimentos gracias a las funciones del bazo y el páncreas, es la mejor hora para trabajar o desarrollar cualquier actividad física o intelectual.
  • De 11 a 13 horas: es la hora del almuerzo. El órgano que actúa en esta franja horaria es el corazón, órgano asociado al elemento fuego. Es un la hora para hacer la comida más completa porque la energía de nuestro cuerpo está en lo más alto. La comida debería incluir alimentos crudos (o semicrudos) y cocinados. Y también es una buena hora para conversar y compartir.
  • De 13 a 15 horas: después de haber comido, el intestino delgado trabaja separando y distribuyendo los nutrientes que hemos ingerido. Por eso es una buena hora para pasear.
  • De 15 a 17 horas: volvemos a tener energía, por lo que es una buena hora para el trabajo o el estudio (siempre que no hayamos hecho una comida demasiado copiosa). Ahora es la vejiga la que está trabajando.
  • De 17 a 19 horas: la energía de nuestro cuerpo que va en descenso. Es la hora a la que actúan los riñones. Es ideal hacer un paréntesis sobre las 17 horas para tomar el té o una infusión porque nos ayuda a eliminar toxinas. Es la mejor franja horaria para la reflexión, hacer terapias, hacer meditación o escuchar música.
  • De 19 a 21 horas: es la hora del pericardio. El pericardio es una membrana que envuelve el corazón, como un saco, para protegerlo de lesiones y para permitir que se pueda mover. Es un buen momento para la sexualidad y para actividades de grupo. Entre las 19 y las 20 horas es el momento de hacer una cena ligera, preferiblemente a base de cremas o caldos de verduras (no alimentos crudos).
  • De 21 a 23 horas: es una hora de silencio y descanso. No corresponde a ningún órgano, sino a lo que en MTC se conoce como “Triple Calentador”, responsable de la oxigenación, la circulación y la asimilación. Es una hora para acumular energía, no para gastarla. Por tanto, no es una buena hora para el deporte ni la actividad física.
  • De 23 a 1 horas: actúa la vesícula biliar y es hora de dormir y relajarse.

Lamentablemente hoy en día es difícil conciliar ese horario con nuestro estilo de vida, sobre todo las personas que vivimos en la ciudad: en general nos vamos muy tarde a dormir, nos levantamos muy tarde (y cansados y de mal humor lógicamente), no desayunamos suficientemente, comemos deprisa y muy tarde y enseguida nos ponemos a trabajar, sin dejar que el estómago descanse, salimos muy tarde del trabajo (sobre todo en España!), nos vamos al gym casi de noche, cenamos copiosamente y muy tarde porque llegamos cansados y muertos de hambre, nos ponemos a ver la tele y nos vamos a dormir desvelados y muy activos, por lo que nos cuenta conciliar el sueño. Y al día siguiente vuelta a empezar…

Seguramente para muchos no sea posible respetar a rajatabla nuestro reloj biológico pero sí que en nuestra mano al menos está:

  1. Ser conscientes de que tenemos un reloj interno.
  2. Ser conscientes –y por tanto, responsabilizarnos- del efecto que produce en nuestro cuerpo y nuestras emociones la alteración de nuestro reloj interno.
  3. Intentar adaptar, en la medida de lo posible, nuestros horarios y actividades a ese reloj interno (por ejemplo, acostándonos antes, adelantando las comidas o evitando el deporte por las noches).

Todo cambio que responda a buscar el equilibrio es positivo, es una garantía de salud y un antídoto contra la enfermedad. El cuerpo es una máquina perfecta, pero siempre que la utilicemos con respeto y suavidad, la cuidemos como se merece y le hagamos una puesta a punto de vez en cuando… Como dice una célebre frase del Dalai Lama “si queremos morir bien, tenemos que aprender a vivir bien”.

 

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